La razón de porqué escribo esta nota está en el reportaje sobre la Unidad de Punta Peuco, investigación de CIPER Chile realizada por la periodista Verónica Torres, y donde se denuncia la existencia de una operación de inteligencia basada en el documento Memorándum N° 01 que tiene relación con el interno ÁLVARO CORVALÁN.                  Mientras me desempeñé como Subdirector Operativo de Gendarmería de Chile, nunca se me informó de estos hechos, por lo que me llama poderosamente la atención el detalle que da el interno sobre quiénes ocupan los puestos estratégicos en la Dirección Nacional la Institución. Cabe preguntarse si las recomendaciones que da sobre remover y ascender a algunos oficiales fueron seguidas por la institución.                               Desde hace un año aproximadamente, fui desafectado de Gendarmería de Chile conjuntamente con siete Oficiales Superiores del Grado de Coronel que cumplían funciones como Directores Regionales. Las razones esgrimidas por el actual Director Nacional, Luis Masferrer, y el Ministerio de Justicia de la época, Felipe Bulnes, fueron que nuestra salida obedecía a “cambio de liderazgo” y así se transmitió a la ciudadanía a través de los medios de comunicación.                                    Para todos los oficiales en cuestión, esta explicación ocultaba otra razón: endosarnos la responsabilidad por los lamentables hechos ocurridos en la cárcel de San Miguel donde fallecieron 81 internos. Esto, producto del anuncio de culminación de la investigación por parte del Fiscal Peña, donde se formalizó al Director Regional Metropolitano Coronel Carlos Bustos y otros oficiales que cumplían funciones en la Unidad.                           El coronel Bustos fue sindicado por las autoridades como culpable de los hechos sin considerar que llevaba tres meses en el cargo, pues había sido trasladado desde la zona norte del país. El coronel Bustos tuvo NULO apoyo de parte del Director Nacional. De hecho el único recuerdo que tiene este oficial respecto de la actuación el Director es que al momento en que lo formalizaron la autoridad estaba preocupada del recinto carcelario donde lo dejarían si quedaba en prisión preventiva.                           Lo cierto es que eso no ocurrió y que en el Sumario Administrativo, que culminó hace pocos días, se le aplicó la medida disciplinaria de “Censura”.                               En el descabezamiento del alto mando ninguno de los asesores del Director tuvo la capacidad para analizar y visualizar que el servicio quedaría sin coroneles para asumir el mando de las Direcciones Regionales, la Jefatura de las Unidades de Alta Complejidad y Departamentos dependientes de la Subdirección Operativa.                          Tal falta de prolijidad en las decisiones se debe en mi opinión a que este descabezamiento tenía un solo propósito: proteger la figura del Director e incluso la del Ministro. Que ninguna responsabilidad sobre estos hechos cayera sobre sus carreras políticas. Las autoridades, vaya novedad, simplemente cortaron el hilo por la parte más delgada.                            La parte delgada del hilo, cosa curiosa, son los funcionarios que mantienen andando, con enorme esfuerzo un sistema penitenciario que está hacinado.

Trabajé 30 años en gendarmería y durante los cuales implementé la Subdirección Operativa, fui alcaide de la Penitenciaría de Santiago y Jefe del Departamento de Seguridad, entre otras funciones en las que debí aplicar el liderazgo que se me cuestionó en el retiro. Duele que la lealtad con que trabajé con el Director Nacional, no haya tenido una respuesta recíproca. El Director se dejó convencer por asesores que tienen una mirada penitenciaria restringida, pues son oficiales de oficina en los que sólo predominan sus intereses personales y no el buen funcionamiento del servicio.                               El objetivo que me impulso a hacerme presente ante tal situación, es porque el documento de Corbalán expresa dudas razonables sobre los criterios con los que se toman las decisiones en Gendarmería. Es necesario que las autoridades se convenzan de una vez que Gendarmería debe estar a cargo de Oficiales de las Institución ya que tienen un real conocimiento del trabajo penitenciario y pueden seguir una dirección permanente de liderazgo.                      Llama poderosamente la atención que en septiembre fuera llamado a retiro el coronel Heriberto Muñoz Díaz, Jefe del Departamento de Seguridad, el mismo que el interno Corbalán señala como poco confiable para la Administración Penitenciaria. El coronel Muñoz, durante la actual administración, trabajó ardua y profesionalmente haciendo cumplir todas las medidas de seguridad para todos los internos privados de libertad ¿Es que el director Masferrer le hizo caso a la sugerencia de Corbalán?                              Para finalizar, me pregunto si el llamado a retiro del alto mando institucional provocó un mejoramiento en Gendarmería ¿Mejoraron los estándares de seguridad? ¿Ha disminuido el hacinamiento en las cárceles? ¿Cuál ha sido el resultado de estas decisiones? Seguramente su asesor Emilio Alfaro Bravo, quien le aconsejó el llamado a retiro del alto mando en su época, guiándolo equivocadamente, ya estará pensando bajo qué paraguas protegerse para el futuro. Desleal y no reconocido por la oficialidad de la institución por su forma traicionera de actuar de acuerdo a la Administración de turno, otro oficial que es mencionado por el interno Corbalán es quien tiene el parentesco y es indicado como “el mejor oficial con vasto conocimiento penitenciario”. Lo cierto es que ha sabido navegar solapadamente en las diferentes aguas, gestando situaciones acomodativas para él y un grupo de oficiales, sin conocer de verdad lo que ocurren en las unidades penales, por lo que ha tenido una baja presencia en estos lugares, amén de que cuando estuvo en terreno, provocó solamente evasiones de internas.                                Saquen sus conclusiones a quien me refiero. ¿Es entonces un buen asesor?                       El Director Nacional se encuentra encapsulado por un grupo de que lo tiene mal orientado, es como lo deben sentir los Directores Regionales y Oficiales de la Institución. Qué pena dan los hechos narrados en el reportaje de CIPER, ya que pareciera que todas las sugerencias efectuadas en el documento del citado interno, habrían sido acogidas por el Director Nacional.

Jaime Concha Soto, Coronel (R) de Gendarmería de Chile